
“Sin conflictos la vida se tornaría aburrida, sin mecanismos para resolverlos sería imposible vivir”.
El día a día supone el contacto y la interacción entre personas y es allí donde surge el conflicto, el choque de ideas, los comportamientos encontrados, las diferencias entre expectativas y los sentimientos. Los conflictos son inherentes al ser humano, se presentan al interior de cada individuo, en relación con los otros (sean compañeros de trabajo, familiares o amigos) o entre grupos.
Aunque el conflicto está presente en la vida cotidiana, muchos tratan infructuosamente de evadirlos hasta que se hacen más graves.
A nivel personal, en el medio familiar o en el ámbito laboral se presentarán una y otra vez múltiples tipos de conflictos que requieren contar con ciertos conocimientos y habilidades para solucionarlos adecuadamente. Los conflictos deben constituirse en una oportunidad de crecimiento y beneficio para cada una de las partes.
Solo a partir de allí crecerán los individuos, las familias y las organizaciones, por el contrario, no resolver el conflicto o hacerlo de manera inadecuada produce daños que en ocasiones son irreparables.

