Es la habilidad de lidiar con los propios sentimientos, adecuándolos a cualquier situación.
Las personas que carecen de esta habilidad caen constantemente en estados de inseguridad, mientras que aquellas que poseen un mejor control emocional tienden a recuperarse más rápidamente de los reveses y contratiempos de la vida.
Este hecho los convierte en personas conciliadoras, que crean ambientes de confianza y tranquilidad en sus relaciones interpersonales. Organizaciones con buen autocontrol, permiten climas laborales más eficientes y disminuyen los picos de estrés comunes en la mayoría de las empresas.
Por el contrario, quien presenta escaso nivel control emocional tiene alto nivel de estrés, que se manifiesta como baja tolerancia a la frustración y frecuente irritabilidad en el ambiente laboral: se percibe como maltrato a los colaboradores, compañeros de trabajo y clientes. En el ámbito familiar con desdén hacia la pareja o los hijos, o colaboradores. De igual manera, muestras de insatisfacción hacia las tareas cotidianas y quejas continuas; repetidas e inútiles discusiones; toma de decisiones apresuradas, son algunas de las dificultades que conlleva manejar inadecuadamente el estrés.
