“Con frecuencia nos movemos entre la agresión y la pasividad simplemente porque no sabemos que existe un punto medio: ser asertivo”.
Qué difícil es comunicarse, expresar aquello que pensamos y sentimos. Adicionalmente, también es difícil lograr que los demás entiendan aquello que queremos decir.
Muchas veces la comunicación lejos de contribuir con el desarrollo de la organización, la familia o el grupo social, se convierte en el principal obstáculo. Un jefe o un padre de familia poco asertivos impiden la formulación de nuevas propuestas o de soluciones creativas. De igual manera, un colaborador o un hijo inadecuados en la expresión de sus necesidades producen malentendidos con consecuencias nocivas.
Uno de los principales problemas de las organizaciones y familias reside en la incapacidad que presentan sus integrantes para comunicar asertivamente sus necesidades, solicitudes, reclamos o en el simple hecho de delegar cualquier tarea.
Parece una ironía que el hombre moderno, que ha sido capaz de transformar la naturaleza y de avanzar en la conquista del espacio, le resulte tan difícil entenderse con su compañero de trabajo, su vecino o su pareja. Este hecho impide la conformación de equipos con suficiente madurez para trabajar de manera integrada, saludable y productiva.


